miércoles, 25 de junio de 2014

LA COSECHA




LA COSECHA

Suena el despertador y mientras lo apaga le parece que sólo ha dormido tres horas. Su cuerpo ya acumula demasiado cansancio. Es la época de la siega y tiene que recoger el grano antes que una mala tormenta se cargue la cosecha, o los malditos pájaros se coman parte del trigo.

  Aún está amaneciendo cuando se sienta ante el volante del tractor. Hoy de nuevo pegará el sol con fuerza, pero a estas horas hay una brisa fresca y limpia que trae todos los olores del campo, huele a espigas, a verde, a tierra, ¡a vida! Mientras las hojas de los árboles remueven el aire sacando una dulce melodía que se une al trino de las aves. ¡Cuántos animales disfrutando del nuevo día, de la mañana luminosa!

 Respira hondo, nota como sus pulmones se llenan de esa energía limpia que le tonifica, y le espabila. Le gusta esa hora de amanecida en la que el campo se ve tranquilo y solitario.
   Está llegando a su terreno, sus ojos ven algo que no encaja.
- ¡Es una moto! - ¿Qué está haciendo ahí? 
Para el tractor  y sale corriendo.

La moto está tirada de mala manera, busca por alrededor y entonces descubre  a una joven tirada a unos metros de la máquina. Es Celia, la hija del panadero. ¿Está inconsciente o muerta? No tiene buena pinta.

Nota como se le desboca el corazón asustado, y se queda paralizado por la sorpresa. Enseguida reacciona y se acerca para comprobar como está.

Pone la mano sobre su cuello buscando el pulso en la arteria carótida, lo nota muy débil. ¡Está viva! Y ahora qué hace… La registra y comprueba dónde puede estar herida, no se ve que tenga nada roto, no sangra, pero la muchacha no está nada bien. Trata de espabilarla, está morada. Sale corriendo mientras llama por el móvil para pedir ayuda. Trae agua y se la  hecha por la cara, parece que reacciona, le quiere decir algo, pega su oído a la boca de ella  para oírla mejor y escucha lo que dice.
-Necesito mi inhalador… Soy asmática.
- ¿Donde está el  inhalador?- Y vuelve a pegar el oído a ella.
- Se me ha acabado-Y ve cómo se escurre de su mano derecha el aparato salvador.

Entonces le vuelve todo el cansancio. Coge la mano de la joven y nota cómo se va apagando, mientras él trata de transmitirle fuerza. Vuelve a oír el canto de las aves que  se une al estertor de la respiración de la chica. Y espera que llegue la ambulancia, aunque sabe que será inútil, que llegará tarde.
   Mira los pájaros y los oye  cantando a su alrededor, esperando para comerse la cosecha.

       ¡Ya nada importa!


No hay comentarios:

Publicar un comentario