LA COSECHA
Suena el
despertador y mientras lo apaga le parece que sólo ha dormido tres horas. Su
cuerpo ya acumula demasiado cansancio. Es la época de la siega y tiene que
recoger el grano antes que una mala tormenta se cargue la cosecha, o los
malditos pájaros se coman parte del trigo.
Aún está amaneciendo cuando se sienta ante el
volante del tractor. Hoy de nuevo pegará el sol con fuerza, pero a estas horas
hay una brisa fresca y limpia que trae todos los olores del campo, huele a
espigas, a verde, a tierra, ¡a vida! Mientras las hojas de los árboles remueven
el aire sacando una dulce melodía que se une al trino de las aves. ¡Cuántos
animales disfrutando del nuevo día, de la mañana luminosa!
Respira hondo, nota como sus pulmones se
llenan de esa energía limpia que le tonifica, y le espabila. Le gusta esa hora
de amanecida en la que el campo se ve tranquilo y solitario.
Está llegando a su terreno, sus ojos ven
algo que no encaja.
- ¡Es una moto! - ¿Qué
está haciendo ahí?
Para el
tractor y sale corriendo.
La moto está tirada
de mala manera, busca por alrededor y entonces descubre a una joven tirada a unos metros de la
máquina. Es Celia, la hija del panadero. ¿Está inconsciente o muerta? No tiene
buena pinta.
Nota como se le
desboca el corazón asustado, y se queda paralizado por la sorpresa. Enseguida
reacciona y se acerca para comprobar como está.
Pone la mano sobre
su cuello buscando el pulso en la arteria carótida, lo nota muy débil. ¡Está
viva! Y ahora qué hace… La registra y comprueba dónde puede estar herida, no se
ve que tenga nada roto, no sangra, pero la muchacha no está nada bien. Trata de
espabilarla, está morada. Sale corriendo mientras llama por el móvil para pedir
ayuda. Trae agua y se la hecha por la
cara, parece que reacciona, le quiere decir algo, pega su oído a la boca de
ella para oírla mejor y escucha lo que
dice.
-Necesito mi
inhalador… Soy asmática.
- ¿Donde está
el inhalador?- Y vuelve a pegar el oído
a ella.
- Se me ha
acabado-Y ve cómo se escurre de su mano derecha el aparato salvador.
Entonces le vuelve
todo el cansancio. Coge la mano de la joven y nota cómo se va apagando,
mientras él trata de transmitirle fuerza. Vuelve a oír el canto de las aves
que se une al estertor de la respiración
de la chica. Y espera que llegue la ambulancia, aunque sabe que será inútil,
que llegará tarde.
Mira los pájaros y los oye cantando a su alrededor, esperando para
comerse la cosecha.
¡Ya nada importa!
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