domingo, 8 de julio de 2018
Vuelvo a retomar la publicación en el blog, después de una larga temporada y un curso muy ocupada, leyendo y escribiendo en los talleres que me apunté al comienzo de este curso 2018. Ha sido muy gratificante ver que puedo escribir sobre los temas que nos mandan, hacer los relatos con una frase o basados en cuentos de otros autores, en definitiva, hacer mi propia versión.
Al menos, me quité la pereza de escribir. El relato, de título "Transgresión", es un trabajo del curso de este año. He tenido una buena profesora que me ha estimulado para trabajar y ejercitar la imaginación. Ha valorado mis escritos y me ha corregido en algunas formas y tiempos verbales que a veces se me escapan. Me ha enseñado alguna forma para ir más directa a lo que cuento sin dar tanto detalle en un relato corto. A resumir siempre que se pueda.
Es una mujer joven y muy preparada, da talleres de escritura creativa en centros municipales y bibliotecas, y además las hace muy amenas, fomenta que nos sintamos cómodos y con confianza para hablar entre nosotros y opinar sobre lo que se lee y escribe en las dos horas que damos de clase.
En el club de lectura no he tenido tanta suerte con el monitor, que elige lo que se lee, hemos leído autores desconocidos para toda la clase, y somos la mayoría grandes lectores, pero es que no gustaban, no que fuesen desconocidos para nosotros, eran autores americanos, que quizá en sus países sean conocidos y se les valore, pero lo cierto es que en el club no han tenido éxito.
Los coloquios han sido muy controvertidos e interesantes. Hemos creado un grupo de wasap algunas compañeras. Intercambiamos comentarios sobre la lectura que nos manda y nos reímos de las opiniones que surgen sobre el tema. Al final del curso nos hemos llevado el deseo de que el próximo, en octubre ya que vamos a tener el mismo monitor, esté más acertado en la elección de los libros.
No hay obligación de leer lo que manda si no te gusta, o no te da tiempo, pero no anima a la lectura a la gente que va con la expectativa de retomar el hábito de leer.
Para mí, lo importante es que me da la oportunidad de conocer nuevas ideas sobre libros que ya había leído hacía tiempo y que los veo de otra manera después de la segunda lectura.
Ahora en este verano me quitaré el "gusanillo" y leeré los libros que tengo pendientes y no me ha dado tiempo por estar ocupada en otras actividades.
Es una larga lista, no me dará tiempo ni vida para leer todo lo que me gustaría, pero hay que tener tiempo para vivir las aventuras por nosotros mismos también.
Este ha sido un buen año de cumplir otros sueños, he viajado a Berlín y a Irlanda. Deseaba mucho conocer esa parte de Europa desde hace tiempo, y este año lo he cumplido. Me ha encantado, y espero seguir con la ilusión y la fuerza suficiente para seguir viajando y cumpliendo sueños. No solo viajar a través de los libros. Viajar y conocer otros lugares amplía cultura y abre la mente.
Toñi Valentín
TRANSGRESIÓN
TRANSGRESIÓN
Esta
llave parece que lo llama cada vez que utiliza el llavero, además
como es de oro resalta entre todas. ¿Por qué su padre que parece
que lo quiere tanto, le ha prohibido abrir esa habitación?
Hoy
ha decidido abrir esa puerta, está aburrido, su padre últimamente
no pasa por casa, esta muy atareado tratando de ganar el mundo al creador. Así que, quizá no se entere, después de
cerciorarse de que no lo ve nadie, mete la llave en la cerradura y
nota que se abre con facilidad, mirará lo que hay dentro y volverá
a salir cerrando. No tiene que pasar nada. Se dice.
- ¡No es una habitación! -Exclama asombrado.
Ante sus ojos aparece un mundo diferente: La puerta sale a una roca escondida entre una extraña vegetación de color azul, su mirada sorprendida ve un cielo de color amarillo, y un sol, o eso parece
- ¡No es una habitación! -Exclama asombrado.
Ante sus ojos aparece un mundo diferente: La puerta sale a una roca escondida entre una extraña vegetación de color azul, su mirada sorprendida ve un cielo de color amarillo, y un sol, o eso parece
de
tonos anaranjados, más parece un planeta, no una estrella como el
Sol que conoce. La luz que da es muy matizada y parece que todo está
difuminado.
Se
queda boquiabierto ante lo que ve. Cierra la puerta y se interna
entre las plantas que lo cubren todo. Hay un monte bastante ralo un
poco más lejos, la tierra que lo cubre es de color parduzco, casi
negro, parece que hay un sendero que lo cruza.
- ¿Existirá gente, puede que esté habitado? Se dice, mientras se interna por el camino.
- ¿Existirá gente, puede que esté habitado? Se dice, mientras se interna por el camino.
Después
de caminar un rato, se encuentra ante lo que parece un poblado, con
cabañas muy altas y estrechas, son un tanto raras, tienen una puerta
que llega casi al techo.
Ve
salir a dos seres muy altos y delgados, de color ceniza, con las
piernas o patas que parecen palos, una cabeza redonda y pequeña
pegada a un tronco sin formas, y unos brazos que en comparación con
las piernas son cortos, no tienen pelo, pero tienen unos ojos
oscuros, grandes y almendrados, que lo miran aunque no parecen
intrigados por su presencia. La boca es redonda, no tienen labios, y
encima de ella un pegotito que insinúa una nariz. Llevan un arco muy
fino y extraño colgado delante del tronco y lo que parecen unas
flechas atadas atrás en un haz. Se siente intimidado. ¿Y si le
disparan?
Pero
no lo parece, no. Los sigue, ve cómo disparan hacía el cielo, hacia
la montaña, a la esfera naranja, pero no disparan a las aves. No
sonríen, son muy silenciosos.
Es
lo que más le ha sorprendido de este lugar: su silencio.
Aparecen
más seres que se unen a ese raro pasatiempo. Todos son iguales, no
hay género, ni niños, parecen tristes o enfadados, pero no es así.
Le informan que está en un lugar llamado: Trémula.
Han
aprendido a vivir sin las risas, sin niños, sin compañeras...
Él
no podría vivir en un mundo así. Quiere despedirse para volver a su
casa, a la puerta que le conduce a su mundo, pero se encuentra una
cortina de niebla muy densa y oscura que se lo impide.
Los
extraños habitantes le hacen entender que no puede cruzar ya esa
zona. Está prohibido. Ha entrado en el planeta del castigo. No se
puede regresar, con ademanes suaves y pacientes, le enseñan el lugar
que debe ahora ocupar en la comunidad. Entiende por qué no disparan
a los pájaros, es lo único que les recuerda su vida anterior en un
mundo tan triste.
Y
en ese mismo momento se queda aterrado.
Toñi
Valentín
de nuevo ha llegado el verano y las altas temperaturas hacen cambiar las costumbres del resto del año. Cada cual se busca como hacerlas más llevaderas.
En España, y en toda la zona del Mediterráneo, el clima del verano, invita a eso, a cambiar las
costumbres, por el calor y las horas diurnas que tenemos. Eso hace que seamos más noctámbulos y nos guste trasnochar en verano, para aprovechar el "fresco" de la noche.
Ahí tenemos la costumbre de la siesta, porque en las primeras horas de la tarde no hay cuerpo que aguante la canícula, Solo los que no tienen más remedio que estar o salir a la calle a esas hora, salen. A esa hora se duerme la siestecita de después de la comida, que sienta muy bien.
Los privilegiados que se pueden ir a la piscina, o tienen cerca la playa aprovechan para refrescarse dándose un baño y los que saben nadar hacen unos largos y tienen el deporte incluido. Que viene bien para desgastar las calorías de más, que se ingieren durante esta época, con las bebidas refrescantes, cervezas y demás piscolabis.
Cada cual se busca la manera de salir unos días, según su poder económico. Ahora se ha vuelto a
retomar volver a los pueblos, (sale más barato) y quien más quien menos tiene familia o ha tenido un pueblo de referencia, padres, abuelos.. . Y se sale para escapar un poco de lo rutinario, aunque a veces sea peor, y se vuelvan a casa antes de lo que habían planeado. En esos casos, también es buena la decisión de haber salido de casa, porque entonces se valora más la propia, con el calor y todo.
Se piensa entonces, que se puede convivir con el calor tan ricamente, si se pasea por la noche y se toma la cervecita en cualquier terraza, al aire libre, y si está climatizada, mejor. y el que no puede, se va con los niños al parque, al atardecer, se hacen una merienda cena allí mismo y disfrutan de lo que tienen: ¡LA VIDA!
Toñi Valentín
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