domingo, 8 de julio de 2018

TRANSGRESIÓN


TRANSGRESIÓN


Esta llave parece que lo llama cada vez que utiliza el llavero, además como es de oro resalta entre todas. ¿Por qué su padre que parece que lo quiere tanto, le ha prohibido abrir esa habitación?
Hoy ha decidido abrir esa puerta, está aburrido, su padre últimamente no pasa por casa, esta muy atareado tratando de ganar el mundo al creador. Así que, quizá no se entere, después de cerciorarse de que no lo ve nadie, mete la llave en la cerradura y nota que se abre con facilidad, mirará lo que hay dentro y volverá a salir cerrando. No tiene que pasar nada. Se dice.

- ¡No es una habitación! -Exclama asombrado.

Ante sus ojos aparece un mundo diferente: La puerta sale a una roca escondida entre una extraña vegetación de color azul, su mirada sorprendida ve un cielo de color amarillo, y un sol, o eso parece
de tonos anaranjados, más parece un planeta, no una estrella como el Sol que conoce. La luz que da es muy matizada y parece que todo está difuminado.
Se queda boquiabierto ante lo que ve. Cierra la puerta y se interna entre las plantas que lo cubren todo. Hay un monte bastante ralo un poco más lejos, la tierra que lo cubre es de color parduzco, casi negro, parece que hay un sendero que lo cruza.

- ¿Existirá gente, puede que esté habitado? Se dice, mientras se interna por el camino.

Después de caminar un rato, se encuentra ante lo que parece un poblado, con cabañas muy altas y estrechas, son un tanto raras, tienen una puerta que llega casi al techo.

Ve salir a dos seres muy altos y delgados, de color ceniza, con las piernas o patas que parecen palos, una cabeza redonda y pequeña pegada a un tronco sin formas, y unos brazos que en comparación con las piernas son cortos, no tienen pelo, pero tienen unos ojos oscuros, grandes y almendrados, que lo miran aunque no parecen intrigados por su presencia. La boca es redonda, no tienen labios, y encima de ella un pegotito que insinúa una nariz. Llevan un arco muy fino y extraño colgado delante del tronco y lo que parecen unas flechas atadas atrás en un haz. Se siente intimidado. ¿Y si le disparan?

Pero no lo parece, no. Los sigue, ve cómo disparan hacía el cielo, hacia la montaña, a la esfera naranja, pero no disparan a las aves. No sonríen, son muy silenciosos.
Es lo que más le ha sorprendido de este lugar: su silencio.

Aparecen más seres que se unen a ese raro pasatiempo. Todos son iguales, no hay género, ni niños, parecen tristes o enfadados, pero no es así. Le informan que está en un lugar llamado: Trémula.
Han aprendido a vivir sin las risas, sin niños, sin compañeras...

Él no podría vivir en un mundo así. Quiere despedirse para volver a su casa, a la puerta que le conduce a su mundo, pero se encuentra una cortina de niebla muy densa y oscura que se lo impide.
Los extraños habitantes le hacen entender que no puede cruzar ya esa zona. Está prohibido. Ha entrado en el planeta del castigo. No se puede regresar, con ademanes suaves y pacientes, le enseñan el lugar que debe ahora ocupar en la comunidad. Entiende por qué no disparan a los pájaros, es lo único que les recuerda su vida anterior en un mundo tan triste.
Y en ese mismo momento se queda aterrado.

Toñi Valentín

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