TRANSGRESIÓN
Esta
llave parece que lo llama cada vez que utiliza el llavero, además
como es de oro resalta entre todas. ¿Por qué su padre que parece
que lo quiere tanto, le ha prohibido abrir esa habitación?
Hoy
ha decidido abrir esa puerta, está aburrido, su padre últimamente
no pasa por casa, esta muy atareado tratando de ganar el mundo al creador. Así que, quizá no se entere, después de
cerciorarse de que no lo ve nadie, mete la llave en la cerradura y
nota que se abre con facilidad, mirará lo que hay dentro y volverá
a salir cerrando. No tiene que pasar nada. Se dice.
- ¡No es una habitación! -Exclama asombrado.
Ante sus ojos aparece un mundo diferente: La puerta sale a una roca escondida entre una extraña vegetación de color azul, su mirada sorprendida ve un cielo de color amarillo, y un sol, o eso parece
- ¡No es una habitación! -Exclama asombrado.
Ante sus ojos aparece un mundo diferente: La puerta sale a una roca escondida entre una extraña vegetación de color azul, su mirada sorprendida ve un cielo de color amarillo, y un sol, o eso parece
de
tonos anaranjados, más parece un planeta, no una estrella como el
Sol que conoce. La luz que da es muy matizada y parece que todo está
difuminado.
Se
queda boquiabierto ante lo que ve. Cierra la puerta y se interna
entre las plantas que lo cubren todo. Hay un monte bastante ralo un
poco más lejos, la tierra que lo cubre es de color parduzco, casi
negro, parece que hay un sendero que lo cruza.
- ¿Existirá gente, puede que esté habitado? Se dice, mientras se interna por el camino.
- ¿Existirá gente, puede que esté habitado? Se dice, mientras se interna por el camino.
Después
de caminar un rato, se encuentra ante lo que parece un poblado, con
cabañas muy altas y estrechas, son un tanto raras, tienen una puerta
que llega casi al techo.
Ve
salir a dos seres muy altos y delgados, de color ceniza, con las
piernas o patas que parecen palos, una cabeza redonda y pequeña
pegada a un tronco sin formas, y unos brazos que en comparación con
las piernas son cortos, no tienen pelo, pero tienen unos ojos
oscuros, grandes y almendrados, que lo miran aunque no parecen
intrigados por su presencia. La boca es redonda, no tienen labios, y
encima de ella un pegotito que insinúa una nariz. Llevan un arco muy
fino y extraño colgado delante del tronco y lo que parecen unas
flechas atadas atrás en un haz. Se siente intimidado. ¿Y si le
disparan?
Pero
no lo parece, no. Los sigue, ve cómo disparan hacía el cielo, hacia
la montaña, a la esfera naranja, pero no disparan a las aves. No
sonríen, son muy silenciosos.
Es
lo que más le ha sorprendido de este lugar: su silencio.
Aparecen
más seres que se unen a ese raro pasatiempo. Todos son iguales, no
hay género, ni niños, parecen tristes o enfadados, pero no es así.
Le informan que está en un lugar llamado: Trémula.
Han
aprendido a vivir sin las risas, sin niños, sin compañeras...
Él
no podría vivir en un mundo así. Quiere despedirse para volver a su
casa, a la puerta que le conduce a su mundo, pero se encuentra una
cortina de niebla muy densa y oscura que se lo impide.
Los
extraños habitantes le hacen entender que no puede cruzar ya esa
zona. Está prohibido. Ha entrado en el planeta del castigo. No se
puede regresar, con ademanes suaves y pacientes, le enseñan el lugar
que debe ahora ocupar en la comunidad. Entiende por qué no disparan
a los pájaros, es lo único que les recuerda su vida anterior en un
mundo tan triste.
Y
en ese mismo momento se queda aterrado.
Toñi
Valentín
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