miércoles, 17 de junio de 2015

EL DESCONOCIDO

EL DESCONOCIDO

Era el mes de julio, ya se estaba recogiendo el grano de trigo en las eras, y las calles del pueblo estaban llenas de la paja que iban soltando los carros que la gente cargaba para alimento de las caballerías en el invierno. El tamo hacía que los niños estornudasen cuando se levantaba un poco de aire que removía la paja.  Al entrar al pajar jugaban con ella, los picores los ponían nerviosos y las madres tenían que bañarlos rápidamente en los baldes de cinc  que entonces existían, eran tiempos duros y dulces para la inocencia de los niños que disfrutaban jugando libremente en la calle. Corría  el año 1964, el país se iba recuperando poco a poco de los años de miseria dejados tras la guerra civil.
El forastero llegó un viernes de julio, venía acompañado de Tomás, un vecino. Los niños los vieron llegar, les llamó la atención, porque no solía venir gente forastera al pueblo, lo siguieron hasta que entró con Tomás en  su casa. Era de complexión fuerte y bajo de talla, llevaba un sombrero de paja mugriento que le cubría la cabeza rapada,  se le veía la cara roja por el calor, o quizá quemada por el sol que calentaba sin misericordia a todos los que andaban por campos y caminos. Ya preguntarían quién era a Susana cuando bajase a jugar. 

 Juana lo vio entrar, no sabía quién era ese hombre que traía su marido a casa, pero ya antes que lo presentase, sintió que no le gustaba, tenía la mirada huidiza y se le veía sucio y desnutrido, parecía un vagabundo, pero no, no era eso, el caso es que no le dio buena impresión.

-Se llama Florencio, nos hemos encontrado en el camino de regreso a casa, y como él se baja para Las Inviernas le he invitado a pasar la noche en casa, para que descanse y mañana continúe su camino ya de día, cenará con nosotros y dormirá en el establo, no te preocupes, no es delicado, ya le he dicho que no teníamos sitio, pero el sólo quiere estar bajo techo. 
Juana se estremeció. ¿Qué ese hombre iba a pasar la noche dentro de su casa?
No podía decirle a su marido que no, sabía por experiencia que cuando él decía una cosa no cambiaba de opinión y menos si ya le había dado su palabra, ella no iba a hacerle cambiar por decirle que no le gustaba ese hombre, que a ella le parecía una mala persona.
-Nos vamos a tomar un vino y dentro de un rato venimos a cenar.
Salió para fuera y el otro le siguió, pero antes  se volvió y la miró  con el deseo  pintado en la cara y una sonrisa de suficiencia. Se había dado cuenta  que no le había gustado que su marido lo invitara a su casa.
No durmió bien, le daba miedo ese hombre, la niña pequeña despertó varias veces en la noche, las acostó más temprano que de costumbre, no quiso que estuvieran jugando por la casa  estando ese hombre en la cocina, se pusieron de charla su marido y él. Entre el vino que tomaron antes de cenar y el que trasegaron cenando, se les soltó la lengua. Ella también se quito de en medio pronto, notaba como la miraba cuando su marido no se daba cuenta.  Se comió todo lo que puso en la mesa, la hogaza de pan que tenía para el día siguiente se la acabó. Decía que hacía tiempo que no tenía una mesa con tanto para comer. Su marido lo animaba.
-          Come, come, en casa no habrá dinero, pero de comer no nos falta, ya me encargo yo de que a mis hijas y a mi mujer no les falte de nada, manjares no, pero con las cuatro tierras que siembro y alguna peoná que surge, y ésta que también tie buenas manos pal trabajo, vamos saliendo adelante- se ufanaba ante él.
-          Que suerte ties, Tomás, al menos tú no pasas necesidades, tienes una  familia, con tu casa,  para vosotros solos, y una mujer que se ve que vale un montón, y además es guapa, ¿eh?
Noto que Tomás lo miraba receloso. Y poniendo cara inocente, continuó:
-     Desde el respeto lo digo, compañero,  que Dios te la conserve, y  tengas salú  pa  disfrutala.
Se froto la barriga, y eructó.,
- ¡Uf! el mandamiento el pobre, reventar antes que sobre. To estaba mu güeno, compañero, si tengo ocasión te devolveré este banquete, pagando yo, ¿eh? Y ahora a descansar, que a ti te espera tu mujer en la cama. - y le hizo un gesto de complicidad-  A mí me espera un día largo, quiero adelantar camino antes de que empiece el calor del mediodía y a ver si en tres días llego hasta Las Inviernas con algún alma caritativa como tú que me auxilie . Que descanses y mu agradecio.
Juana  estaba deseando que llegara la mañana y desapareciera por donde había  venido.

Cuando se levantó ya se había ido y respiró tranquila, siguió con las tareas de costumbre.

Preparó la comida para todos y fue a por pan a la tahona, no les quedaba nada, pero al menos  no volvería a verlo.
Cuando regreso  a casa el corazón  le dio un vuelco al entrar en el portal. Olía a ese hombre, y ella había ventilado todo, miró por el portal y subió recelosa la escalera, no se oía nada, miró por las habitaciones y no vio nada extraño, ya estaría lejos desde que salió de casa, se estaba volviendo tonta o qué. Su marido estaba trabajando y no regresaba hasta la noche, para que iba a volver ya se había despedido de él. No tenían costumbre de cerrar las puertas de la calle, nadie lo hacía, se conocían todos los vecinos y eran  igual de pobres, por qué iban a desconfiar. Pero en ese momento se arrepintió de no haber cerrado la puerta.
Estaba poniendo la mesa antes de que llegara Susana a comer. Marta dormía tranquila en la cama que compartían las hermanas, ya había comido y no despertaría en un par  de horas, aún era muy niña y necesitaba ese tiempo de sueño, así ella tenía tiempo de descansar un rato también.
Desde que nació la pequeña se sentía cansada,  estaba muy delgada, la ropa le quedaba toda grande, pero no tenía tiempo para arreglársela, se recogió el pelo oscuro y mojado por el sudor con una goma, y se pasó las manos por la cara, sintió que se le estaban formando arrugas,  tenía treinta y cinco años, la vida del campo era dura, sus hijas no debían de quedarse allí cuando crecieran, ellos les darían la oportunidad de irse a la ciudad, para tener una vida mejor.
Noto el olor y se volvió, no le dio tiempo de salir corriendo,  la agarró por detrás, y sintió que la tiraba del pelo, la tapo la boca con la mano.
-No grites, puta, que te voy a dar lo que estás deseando. Sé buena conmigo y tos saldremos contentos. ¡A la habitación, vamos!
Vio a su niña dormida y suplicó:
 - No nos hagas daño por favor.
Él sonrió de forma siniestra,  la hizo un gesto para que se estuviera callada y quieta. Se acercó a la niña que dormía y la destapó.
-Vas a ser buena conmigo ¿Verdad? Y luego tendrás la boca  callaita, esto se quedará entre nosotros, no querrás que a tu marido le pase na por ir tras de mí ¿Eh?
 Y esta niña tan guapa y tierna mira como será de fácil y rápido acabar con ella, si gritas y no haces lo que yo te diga.  Sacó la navaja que ella había visto que usaba para comer y con la punta apretó en el hombro de su niña. Una gota de sangre roja como la grana broto y mojó la camisita de su hija que se removió inquieta quejándose.
-          Por favor, por favor, haré lo que me pidas, pero no nos hagas daño.

-          Así me gusta, que seas razonable. Vamos pa bajo estaremos mejor en la cuadra, más solitos, y así podrás gritar del gusto que te voy a dar, mujer. Hace mucho  que no estoy con una hembra tan aparente como tú, y además tú ya eres una mujer con experencia, a tu hombre se le ve satisfecho de cama también,  y mira el muy bribón, no quería compartir este manjar con un camarada, vaya, vaya, que se pensaba, que iba a irme con las ganas… Florencio toma lo que le gusta siempre, de una manera u de otra. - Mientras hablaba llegaron a la cuadra-.
Se lavó hasta dejarse la piel arañada de frotarse con el estropajo, no espero ni a calentar agua y aún así, parecía que tenía el olor de él pegado al cuerpo, estaba magullada y dolorida, se había comportado salvajemente con ella, pero lo peor era el asco y las nauseas que sentía desde que pasó. No había podido comer nada y se sentía sucia y  mala persona por no haberse revelado. Tendría que haber gritado, podría haber hecho algo para evitarlo, pero sólo quería que sus hijas estuviesen a salvo, que Susana no oyese nada cuando llegase a comer y que el cabrón ése no la viera.
Se marchó en cuanto se desahogó con ella, pero la amenazó con volver cuando menos lo esperase si se enteraba que se chivaba al marido o lo denunciaba.  “Además puedo decir  que has sido tú la que me provocaste”, le dijo sonriendo con maldad.
Esa noche no dejó que Tomás la tocase, cuando le vio los arañazos, le dijo que debía ser el tamo  que había por la calle cuando salió a buscar a Susana. Le picaba mucho y se había arrascado. Aguantó el dolor que tenía en todo su cuerpo cada vez que se movía, para que él no se diera cuenta.
Tomás confirmó sus sospechas, el hijo de puta, cabrón, del Florencio que trajo a su casa y comió en su mesa, había abusado de su confianza y le había coronado con unos hermosos cuernos, vio su rastro en la cuadra, había meado. Ese reguero que salía de la pared no estaba cuando sacó al animal al marcharse. Esperó una explicación por parte de Juana, que le comentase si había regresado el tal Florencio. Ella lo ocultó. Regresó cuando él no estaba y había forzado a su mujer, se había dado cuenta del disimulo de ella, pero a él no se le escapaba nada, sentía que le hervía la sangre cuando lo pensaba, no quiso desahogarse con ella y darla de hostias, conocía a Juana y sabía que la habría obligado, tendría que serenarse y pensar como iba a ir a por el canalla cobarde, ¡hijo de la gran perra! No pensaría que se iba a librar tan fácilmente. A él quien se la hacía se la pagaba, y más aún si era con su mujer o sus hijas, pero tenía que pensar en frío. No quería problemas con la autoridad. Los trapos sucios se lavaban en la familia.
-          ¡Juana!- llamó-, prepárame algo de comida para hoy, que voy a ver si consigo unas peonás en Cabrerizas, necesitan gente para segar unas fanegas de tierra y tengo que hablar con el capataz que esta contratando gente en Las Molinillas. Estaré fuera todo el día.
Notó que ella se ponía tensa al pensar que iba a estar sola.
-Tomás, podrías ir otro día, no me encuentro bien y las niñas dan mucho trabajo, hay que estar pendientes de ellas…
 - Llamaré a mi  hermana  cuando pase por su casa y le pediré que se pase por aquí a mediodía, para que te ayude con la comida. ¿Te parece? Yo estaré aquí por la noche no te preocupes.
Le miró recelosa ¿Se habría dado cuenta de lo que le pasaba? No creía, ella lo había ocultado bien, aunque no podía evitar  sentirse como se sentía, bueno si su cuñada venía a acompañarla, al menos no estaría sola, que es lo que más miedo le daba ahora.
Tomás caminaba ligero, era alto, y muy moreno, como casi todos los que trabajaban al aire libre,  las carnes le pesaban poco, daba buenas zancadas, quería llegar donde estaba su amigo Pedro pastoreando las cabras, le contaría el problema y si aceptaba el “trabajo” planearían como hacer lo que tenía pensado, era importante que lo convenciese, a él no debían de relacionarlo cuando lo descubrieran. Debía de estar bien visible y comportarse con naturalidad, su mujer no debía de sospechar que lo sabía, pero ese hijo de perra no se iba a ir de rositas. Por sus muertos que ése lo pagaba, y besándose su pulgar con el puño cerrado se lo juró a sí mismo.
A la semana empezó a correr la voz, habían encontrado a un hombre ahorcado en la zona del Pasiego, decían que era un vagabundo que andaba de pueblo en pueblo, pidiendo que le diesen algo,  que seguramente había pasado también por allí.  La pareja de la Guardia Civil estaba haciendo preguntas, los niños enseguida recordaron al forastero que llegó con el padre de Susana, y empezaron a preguntarle si su padre lo conocía, todos los vecinos lo relacionaron con Tomás. La pareja fue a su casa a preguntarles.
-          No, no le conocía de nada, le dejé que descansara en nuestra casa, en la cuadra, y le di de comer, sí- Tomás era de las personas que no puede dejar que alguien pase hambre si él tiene para darle aunque sea un mendrugo de pan- Se marchó al día siguiente.
-          No, no había vuelto a verlo, dijo que iba para Las Inviernas, que pensaba llegar en unos días, pensaba que tenía allí familia. ¿Seguro que es él? Me dijo que se llamaba Florencio Cañete, pero va usté a saber, no parecía desgustau , no señor, pero lo mesmo le dio un pronto y se quito de en medio, porque también va una vida arrastrao por los caminos sin na.
-     No tengo ningún inconveniente, señor guardia, pa lo que ustedes manden. Pasaré por el cuartel.
-     No, esta semana no me moví del pueblo, no salió trabajo fuera y aproveche pa arreglar la poca tierra que uno tiene, somos ya muchas bocas que alimentar y hay que estar preparao pa  los fríos, que luego no se pué salir de casa, ni hay trabajo pa nadie.


Juana estaba cabreada con su marido, habían trabajado como mulas para tener una casa más grande, él estaba empeñado  en que la necesitaban, y ella había trabajado tanto como él. Esa ilusión que le contagió la sirvió para seguir fingiendo que no había pasado nada. Se sintió vengada, cuando al hijo de puta aquel lo encontraron colgado de un árbol, ella no cree que se suicidara, no parecía de esos, disfrutaba engañando, no sabe quién pudo hacerlo.
Seguramente alguien a quien también se la jugó y le tendría ganas, porque ella no  habría sido la única a quien  violó  sirviéndose de engañifas para entrar en sus casas.
Detuvieron a Pedro, el cabrero. Pero lo tuvieron  unos días en el calabozo y lo soltaron. No lo consideraron culpable. Y ahora es él quien les ha comprado la casa vieja. Pero su marido se la ha vendido por una cantidad irrisoria, la explicación que le ha dado es que esa casa no valía nada.  Pero este hombre es tonto o qué, si por lo que le ha dado no ha pagado ni el solar. No se puede discutir con él, cuando se le mete una cosa en la cabeza tiene que ser lo que él diga, tres años para hacerse con la nueva casa, Juana pensaba que vendiendo la vieja, tendrían unos ahorrillos para estar un poco más desahogados, y enfadada mueve la cabeza. A este hombre no hay quién lo entienda.





                                                                                      



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