miércoles, 2 de marzo de 2016

EMPACHO



EMPACHO
Él le pasa el brazo amorosa y posesivamente alrededor de la cintura, y como al descuido, apoya la mano en su nalga izquierda, anticipando una caricia, deseando llegar a casa para en la intimidad  abrazarla y demostrarle todo lo que la quiere, la desea y la necesita. Laura es su vida. Se pasa el día mirando el reloj, para ver cuándo acaba la jornada de trabajo e ir a buscarla para volver a casa juntos de nuevo.
Ella se ha dado cuenta de su maniobra y con disimulo, como si fuese a colocarse bien la chaqueta, ha retirado su mano ¡Está harta! Todo era bonito al principio, le gustaba  Mario. Se sintió halagada cuando le regaló los bombones el primer día que se acostaron y le dijo que ella le gustaba más que el chocolate de esa caja.  Hasta le quería, o eso creía, pero ahora después de un año de convivencia, está agobiada, cansada de oírle decir que es un bombón, desnudarla y tomarla cada día como si fuera un nuevo sabor que no se cansa de probar. La lame por todos los sitios, su pecho: chocolate con menta, su vientre con sabor de almendras, sus ingles, saben a fresa y limón y así… Todos los sabores de la caja de bombones que para él es su cuerpo. ¡Está asqueada, ya le da repugnancia sentir su saliva!, y se frota cuando se ducha tratando de quitarse el olor que  nota que se desprende de su boca y parece pegársele como si realmente fuera de bombón. ¡Qué empacho! Ahora ya la humedece con su saliva cada vez que se ven, hasta cuando la besa en la cara, con un beso casto, tiene que dejarle el “rastro”.
Pero esta noche le tiene una sorpresa preparada, se marchará dejándole una caja de bombones vacía con una nota: “Ya se  han acabado los bombones, amor”.                                                                                                         
                                                         


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